viernes, 22 de agosto de 2008

Pero tenía las piernas más bonitas de toda la ciudad, y yo su número de teléfono

Era una mañana lluviosa. Viernes 6 de Diciembre de 1991.

Una de esas mañanas en las que apetece estar tumbado en la cama hasta altas horas, y aún más si una terrible resaca martillea las pocas neuronas activas que sobreviven en tu cabeza.

Acababa de llegar a mi oficina y colgar mi vieja gabardina empapada de agua en el guardarropa.

El reloj marcaba las 9 horas y Raquel, mi secretaria, había dejado preparado un poco de café caliente en una taza. Pasé del café y busqué mi vieja petaca en el segundo cajón de mi mesa, entre paquetes vacios de Pallmall, mecheros necesitados de transplantes de piedra y un par de condones caducados.

Esos condones llevaban años en aquel cajón, creo que desde que establecí mi negocio en este edificio casi en ruinas.

Saqué la petaca y dí un trago largo.

Limpié mi boca con el puño de la mano izquierda, coloqué los dos pies sobre la mesa y comencé a leer el periódico local.

Hacía semanas que no recibía un caso interesante.

Ultimamente solo trabajaba para mujeres que desconfiaban de la fidelidad de sus maridos o para maridos que desconfiaban de la fidelidad de sus mujeres. Y aquello me aburría.

Fotografiar a estas personas besandose con sus amantes, huyendo de la monotonía de sus matrimonios, huyendo de la monotonía de los cuerpos obligados a amarse eternamente en la abundancia y en la pobreza por los siglos de los siglos.


Comencé a ojear la sección de sucesos y encendí un cigarrillo.

De pronto el telefonillo de mi mesa sonó.

- Señor Velazquez, tiene un cliente, la señora Rosa Alarcón.

- Hagala pasar. - contesté.

Quité los pies de la mesa e incorporé mi cuerpo en la silla, guardé la petaca en el cajón y dí una calada tan profunda al cigarrillo que el humo me llegó hasta el mismisimo culo.

Llamaron a la puerta y dí permiso para entrar.

La señora que entró en el despacho me dejó extasiado.Tendría unos 55 años, más o menos mi edad, y era alta, con una larga melena rubia que cubría toda su espalda. Tenía unos ojos tan sexys como los de Brigitte Bardot y su cara parecía haber sido tallada por algún dios griego en busca de la perfección femenina.

Vestía un traje rojo que se ceñía fuertemente a su cintura de forma que dibujaba perfectamente el contorno de sus caderas y dejaba ver unas preciosas piernas cubiertas por unas finas medias .

-Buenos dias señora Alarcón, es un placer.

-Buenos dias señor Velazquez.

-Sientese por favor.

Observé como doblaba las piernas una vez sentada en la silla. Eran unas piernas largas y sensuales.

Me gustaría probarlas, pensé.

- ¿En que puedo ayudarla?

-Tengo entendido que es usted unos de los mejores detectives de la ciudad y me gustaría que encontrase a una persona.

-¿De quien se trata?

-¿Le suena a usted el apellido Lorca?

-Si...bueno, es un apellido bastante común.

-Pues quiero que busque y encuentre a Federico García.

-¿quiere decir a Federico García Lorca? ¿el escritor?

-Exactamente señor Velazquez. Veo que es rápido, y eso me gusta.


Dí una última calada al cigarrillo que sostenía entre los dedos y me quedé mirando fijamente hacia el techo.

Aquella mujer estaba realmente loca. El problema era que tenía un tremendo polvo y que yo

no era capaz de apartar mis ojos de sus piernas. Aquellas piernas me resultaban hipnóticas.


- Pero señora Alarcón....Lorca está muerto.

-Eso es lo que todo el mundo cree, pero yo se que está vivo.

-¿Y como lo sabe?

-Porque hasta ayer, ha estado viviendo conmigo los últimos 55 años.

- ¿Como?, oiga mire...¡ya está bien!. Lorca fue asesinado en el año 36 de un disparo en la cabeza por alguien perteneciente al bando nacional. No puedo perder el tiempo escuchando más estupideces. Tengo un periódico que leer y una Magnum que limpiar ¿de acuerdo señora Alarcón?

-Señor Velazquez, Federico no murió cuando intentaron asesinarlo. Le dispararon pero la bala quedó estancada en una zona vacía de su cabeza. Fue mi padre quien lo encontró a la mañana siguiente caminando sin rumbo, perdido por la carretera medio desangrado . Lo montó en su carro y lo llevó a casa, donde mi madre y mis hermanas mayores cuidaron de él. El problema era que sufria una grave amnesia que le impedía recordar. No sabía quien era, no recordaba su nombre, no recordaba donde había nacido. No recordaba nada.

Cuando estuvo recuperado comenzó a trabajar en casa. Cuidaba del ganado y ayudaba a mi padre en las labores de labranza . Nosotros tampoco sabíamos quien era él realmente. Habíamos oido que habían matado al famoso poeta Federico García Lorca, y que no había aparecido su cuerpo, pero ni mis padres ni mis hermanas ni yo imaginabamos que fuese él.

Fue a partir de los doce años de vivir con nosotros cuando Francisco, así era como le llamabamos en casa, comenzó a escribir poesía y a pintar cuadros.Mis hermanas y yo jugabamos a disfrazarnos con él haciendo pequeñas representaciones de obras de teatro que él mismo inventaba.

Desde ese momento comenzó a recordar. Hablaba de representaciones teatrales que había hecho en miles de sitios, de viajes por el mundo, de libros, de amores, de llantos...en fin, terminó recordando su anterior vida, la de Federico. Fui yo quien le llamó por primera vez Federico y no olvidaré como se quedaron sus ojos negros, fijos mirando la inmensidad de su persona, asesinando la personalidad de Francisco y aceptando su verdadera historia, la de Federico García Lorca.

Desde entonces hasta ayer, ha vivido conmigo en casa. Él sabía quien era, pero prefiríó vivir el resto de su vida con nosotras. Fue él quien mató a Federico García Lorca, y quen eligió vivir como Francisco Alarcón.


- Bueno....no se que decirle señora Alarcón. Es bastante rocambolesca la historia, pero podría ser verdad.


Cuando llevas veinte años en el negocio de la investigación privada aprendes que las historias más rocambolescas suelen ser las más ciertas. Además, mi instinto me decía que aquella mujer no estaba mintiendo y que menos aún estaba loca.

Cogí un bloc de notas que había sobre la mesa, saque mi pluma estilográfica de su cartuchera y me dispuse a tomar declaración a la señora Alarcón sobre todo lo sucedido en el día de la desaparición. Aquel caso era lo que necesitaba mi vida, acción, y porque no, fama. Si encontraba a Lorca con vida saldría en televisión, quien sabe, incluso mi nombre aparecería en la enciclopedia.


- Esta bién señora Alarcón digame ¿como y por que cree que ha podido desaparecer?

-Bueno...la semana pasada vino a casa Shakespeare. Francisco y William no se llevaban muy bien ¿sabe? creo que tuvieron una pequeña discu...

-perdone señora Alarcón...¿se refiere a W. Shakespeare el escritor?

-Si, Federico y William no mantenían ultimamente una muy buena relación, ya que...

-Esta bien señora Alarcón, deme su número de teléfono y uno de estos dias le llamaré para tomar nota de forma más detenida.

-¿Pero ya hemos acabado...?

-Si señora Alarcón, tranquila, ya le llamaré.


Me dejó su teléfono escrito en un trozo de papel y abandonó mi despacho con un movimiento de caderas tan cachondo como el de una bailarina de streap-tess.

Volví a coger el periodico local, saque la petaca del segundo cajón de mi mesa,dí un trago largo,limpié mi boca con el puño de la mano izquierda, encendí un cigarrillo,coloqué los pies sobre la mesa y tumbé mi cuerpo en la silla, henchido de no gloria.

Aquella mujer estaba como una cabra y reconozco que mi instinto me volvió a fallar. Pero tenía las piernas más bonitas de toda la ciudad, y yo su número de teléfono.


Pueblo

Sobre el monte pelado,

un calvario.

Agua clara

y olivos centenarios.

Por las callejas

hombres embozados,

y en las torres

veletas girando.

Eternamente

girando.

¡Oh, pueblo perdido,

en la Andalucía del llanto!

Federico García Lorca

lunes, 11 de agosto de 2008

Desde el corazón a la cañería

Acabo de sentarme en el water.

La casa es silencio.

Solo se oye el trabajar de mis tripas en el

intento de expulsar toda la materia orgánica

innecesaria de mi cuerpo.

De pronto me ha venido a la cabeza el

comienzo de lo que podría ser un poema.

Un poema con el que quizás podría

ganarme tu cariño o

quizás ganarme mi propio cariño,

no se cual de los dos me resultaría más importante.

Cojo un bolígrafo que malvive en uno de los

cajones del lavabo y comienzo a escribir sobre

un gran trozo de papel higiénico:

" Lejos de tu vida quemé mi vida,

entre botellas de alcohol y purpurinas llamas,

dulce quimera sería para mi sombra galante

volver al camino de tus pisadas".

Leo lo que he escrito detenidamente mientras

la fria y enorme boca del water comienza a helar mi trasero.

Termino llegando a una conclusión.

No, esto no es un poema, aunque

al menos creo que servirá para limpiarme el culo.

Morir...¿Caer como gota

de mar en el mar inmenso?

¿O ser lo que nunca he sido:

uno, sin sombra y sin sueño,

un solitario que avanza

sin camino y sin espejo?

Antonio Machado

Y amaneceré

Hablando solo.

Hablando solo paso la vida,

síntomas de locura,

síntomas de suicida.

Drogado por el olvido.

Drogado por el alcohol.

Drogado por la añoranza vivida.

Los dias pasan,

la experiencia aumenta y

el cuerpo se rinde.

Hablando solo paso la vida.

Ya no importa nada quemar el tiempo

atado a esta piel de cuero.

Mañana volveré a amanecer hechizado por el

canto del gallo,

cuando los pajaros abrimos los ojos y

miramos al cielo.

Era una voz quebrada

El viejo Sam quedó postrado en una silla de ruedas para

el resto de su vida.

Desde entonces pasaba todo el día sentado en aquella silla con una pequeña

manta de cuadros tapandole las piernas, viendo pasar

chicas guapas a través de la ventana de su habitación.

Por las tardes salía a la puerta de su casa a fumar un cigarrillo y oía

programas de cante flamenco en un pequeño transistor,

viendo pasar chicas guapas por las aceras de su corazón.

Al viejo Sam le gustaban las chicas guapas.

Debía tener 80 o 90 años y según contaban las lenguas del barrio

nunca había estado con una mujer.

Lo cierto es que no era muy agraciado fisicamente.

Tenía dos grandes orejas abiertas al mundo con formas de antenas parabólicas,

una nariz tan pequeña como el botón de una camisa y unos ojos que emanaban

odio, rencor y rechazo.

Ese era su problema, siempre se había sentido rechazado y

supongo que la solución que encontró fue la de rechazar él también al mundo.

Así la vida debía ser mucho más fácil.

Yo siempre que pasaba por su lado lo saludaba aunque él nunca contestaba,

se quedaba con la cara intacta y el transistor

pegado a una de sus enormes orejas.

Así que dejé de saludarle, y con el tiempo, después de tanto vernos,al menos

me miraba a la cara y hacía un leve movimiento de cabeza, gesto

que yo interpretaba como un "adios"o un "hasta luego",

aunque también podía ser un "¡vete al carajo, gilipollas!".

La cuestión era que nadie hablaba con el viejo Sam.

Todos los vecinos del barrio pasaban de él.

Y el viejo Sam pasaba de todos los vecinos del barrio.

Pero yo quería robarle algún comentario, era más, quería saber como era su voz.

Nunca había oido su voz.

Desde pequeño la voz de la gente es algo que siempre me ha creado curiosidad.

Me ocurría por ejemplo cuando veía fotos de familiares que yo no conocía.

Me preguntaba como serían sus voces, y también me sucedía al contrario, cuando oía una voz

en televisión o en radio, me preguntaba como sería el rostro de aquellas personas.

Una tarde yo caminaba aburrido hacía el kiosko de la esquina a comprar tabaco y

lo ví sentado en la puerta de su casa.

Decidí que había llegado el momento de conocer su voz y

con cierto tono irónico le dije:

- A ver cuando me das un paseo en esa moto, guapo.

Su cara cambió de pronto a la tonalidad más roja que pueda ponerse un rostro y

sus ojos parecían que iban a salir disparados hacía mí como meteoros impulsados por

el ardor del odio.

-¡¡¿Mi moto?, ¿guapo?, hijo de puta ven aquí, voy a darte la paliza más grande que jamás te hayan dado

marica chupa pollas..."!!

Y continué mi camino hacía el kiosko,

mientras el viejo Sam se cagaba en todos mis antepasados

con una voz tan quebrada como su alma,

y me retaba a una pelea en la que según él, yo no tendría posibilidades.

viernes, 1 de agosto de 2008

El futuro poeta

Corrió hacia mi dando saltos con su cuerpecito de nueve años y
con los ojos como platos, excitados por la emoción de su descubrimiento.
- ¡ Ya lo se papa! de mayor quiero ser boina verde.
- Oh... ¿si?
-Si, quiero ser como Rambo.
-¿Y no preferirías ser como Rimbaud?
-¿Quien es ese?
-Un tipo que fue mucho más valiente que Rambo.
-¿Pero fue boina verde?
-Psss..no lo se hijo, pero si te aseguro que fue más valiente que Rambo.
-Entonces cuando sea mayor quiero ser como Rimbaud.

Y desapareció corriendo hacia la cocina en busca de su madre,
gritando a los cuatro vientos que de mayor sería como Rimbaud.
Solo puedo desearte buena suerte hijo,
solo puedo desearte buena suerte.

La vida es una carcel con las puertas abiertas

Tuve los puños tan rápidos como la lengua
y un movimiento de pies tan bueno como el
de Fred Astaire.
¡Baila sobre el ring!
¡Baila dobre el ring!
me gritaba el coach desde la esquina,
cuando los ojos quedaban ciegos
impregnados de sudor y sangre.
Siempre lo tuve claro amigo,
soy más fuerte que tu,
soy más guapo que tu,
soy más inteligente que tu,
y además soy negro, hermano,
y poseo el poder que genera el resentimiento
y la tristeza de la vida de millones de esclavos en esta tierra,
que sin ser mia, queríais que defendiese en una guerra de papel.
No. Os equivocais conmigo, soy boxeador pero no un asesino.
Nací llamandome Cassius Clake,
decidí volver a mis raices y llamarme Muhammad Ali,
aunque muchos me conocen como el loco de Louisville.
Comencé a pelear a los quince años y no he parado desde entonces.

martes, 22 de julio de 2008

Un lapsus

Cuentan que el célebre historiador alemán Theodor Mommsen
era un tipo muy despistado.
En cierta ocasión, durante el trayecto en tren hacía una ciudad
cuyo nombre no recuerdo,
se encontraba plácidamente tumbado en el asiento de su camarote
ensimismado por la lectura de un libro,
cuando una niña de unos 11 años de edad, muy linda,
con largos tirabuzones rubios y unos brillantes ojos azules,
interrumpió su lectura para darle un pañuelo que al bueno de
Mommsen se le había caido al suelo.
- ¡Oh gracias querida!, que amable...¿cual es tu nombre?
- Anita Mommsen, papa.

8:02 p.m

La miro tumbado desde la cama.
Tiene el pelo suelto, y es solo un camisón transparente lo que cubre su cuerpo.
El mismo cuerpo que tantas noches me ha acompañado.
El mismo cuerpo que tantas noches se ha hospedado dentro de mi carne,
dentro de mis sueños.
Recuerdo como llegó a mi vida escondida bajo el viento,
libre,
liviana compañera,
inventándonos una vida juntos entre la novedad y la rutina.
La miro tumbado desde la cama.
Comienza a regar las flores que resisten a este frio invierno en el balcón,
mientras el reloj marca las 8:02 p.m
y una niebla flotadora se esparce por las calles del pueblo.

El loco

"El loco hierra pero no miente, y además tiene la peligrosa manía de decir la verdad"

Consejos

Escribid un libro sobre vuestras vidas.
Tatuaros amor y odio en los nudillos.
Bebed Whisky mientras el cura de misa.
Comed con las manos o sobre un mendrugo de pan.
Rayad vuestros nombres en el torso de un árbol.
Preguntaros a donde va la vida cuando nos detenemos.
Follad sobre la cama más ruidosa que tengais.
Pero nunca os enamoreis.

Viajad al Nepal.
Raparos la cabeza hasta poder ver vuestras
ideas reflejadas en un espejo.
Dejaos que la barba os llegue hasta los huevos.
Llamad hermanos a todos los vagabundos,
os lo agradeceran, amen.

Leed, leed, leed y escribid.
Fumad cigarrillos mirando la luna llena mientras
las flores florecen en la noche.
Sentiros como el personaje de una obra de O'neill.
Aprended a tocar el saxo.
Llamad señoritas a todas las putas.
Llamad putas a todas las señoritas,
pero nunca os enamoreis,
aunque esto ya os lo he dicho.

lunes, 14 de julio de 2008

Sálvame

Sálvame me pedían sus ojitos negros.
Me entristece saber que ya no podrá bailar con el viento moviendo esas débiles
alas, ni cantar a la mañana desde una rama de olivo.
Notaba como su pequeño corazoncito se apagaba.
Pobre pájaro, rendido y derrotado como muchos seres humanos
moría lentamente abandonado en la esquina de la plaza mayor.
Lo más que pude hacer fue llevarlo a casa y hospitalizarlo en una caja de
cartón entre pañuelos de color cielo.
Aquella misma noche murió, aunque al menos sintió el calor de mi mano
entre su pelaje. De alguna forma estuvo tranquilo.
Debe ser agradable saber que alguien está llorando por tí.

Mientras veo pasar nubes blancas

Son las cinco de la tarde y
estoy fumando un cigarrillo con
la ventana cerrada viendo pasar
nubes blancas al otro lado del cristal.
Pienso en ti.
Aquella noche tenías los ojos tan sexys como Betty Boop y
una pequeña herida en la pierna izquierda.
Disfruté paseando mi lengua por la cordillera de tu cuerpo.
¿Donde van dos corazones locos?
A una habitación donde poder bailar una noche entera.
Me decías que te morías por dormir un rato después de un polvo suave.
Por la mañana dejamos aquel motel como dos fugitivos y
me dijiste adiós con cara trasnochada
dándome un beso en la mejilla,
después de inventar sueños, hablar de Cawboys, de Darwin,
de la adicción a las drogas... de gastar cuatro condones y
yo no parar de llamarte nena.
Ahora vuelves en autobús hacía tu ciudad,
mientras yo veo pasar nubes blancas en el cielo de Gerena.

Se equivocaban conmigo

¿Que se siente cuando uno se aleja
de la gente que ama,
y esta retrocede en el llano hasta
que se convierten en minúsculas
figuras que se desvanecen?

Yo siento una tristeza
que recorre todo mi cuerpo desde
los pies hasta la cabeza,
para acabar inundándome el alma
de lagrimas
que sirven para demostrarme
que aún sigo siendo persona.

miércoles, 9 de julio de 2008

Cruzó el perro la calle

Cruzó el perro la calle.

Era el perrillo aquel de las migajas,

El que espera debajo de la mesa,

El que no tiene nombre

Y al que si se extravía

no lo reclama nadie.

Y era el único ser

en tarde de domingo.

Allá enfrente la ausencia

De ese árbol que daba su verdor

En un sitio imposible.

Y el perro por la acera

Seguro y solitario.

¿A dónde iría hoy

en esta hora muerta

sin coches ni autobuses,

con un pasito breve,

voluntarioso, firme?

Una mano invisible

Le alisa la pelambre.


Ernestina de Champourcin

Mi corazón no es corazón


Estas noches encerrado en casa

rodeado de discos antiguos y películas de Bogart,

no hago más que pensar en ti,

mientras los gatos se adueñan de los cubos de basura del callejón trasero.

Hay veces en que espero una llamada.

Hay veces en que temo una llamada.

No es fácil ser un tipo duro en estos tiempos que corren,

creo que es más fácil ser un tipo solitario.

Y es eso lo que le hago entender a este corazón que late en mi pecho,

aunque dejó de hacerlo al compás de la vida hace tiempo,

y que resiste triste, solitario y esbirro con tu compañía.

Lo afirmo mientras acabo con la virginidad de esta página en blanco,

sentado delante de la ventana,

a la sombra de tu olvido.

El bueno de Antonio me lo hizo entender;

“poned atención;

un corazón solitario

no es corazón”.

miércoles, 2 de julio de 2008

Para el viejo truhán

A Alfonso Ramos.





Que cabrones eran los chicos contigo,

ahora me doy cuenta, ahora caigo.

Tu simplemente vivías,

vivías a tu manera.

Pero fuistes a los ojos de todos un perdedor.

Aunque para mi tenías estilo.

No todo el mundo sabe ser alcohólico.

No todo el mundo sabe estar borracho un dia entero,

y el siguiente.

Tu caminabas por las calles del centro con tus libros

de Baroja, Dumas, Dostoievski o incluso con un atlas mundial.

Recuerdo verte sentado en los bancos de la plaza del museo leyendo.

Cuando los chicos veníamos de jugar al futbol

tu nos preguntabas si sabíamos cual era el lago más grande del mundo.

- ¡el Titikaka!- gritabas.

Y tu nos veías reirnos desde aquellos ojos vidriosos que escondían unas viejas gafas de rock.

Te quitabas la gorra mostrandonos aquella extraña calva,

saludabas con aires de actor Shakesperiano y

te marchabas recordandote a tí mismo con cariño

"que chavales".

Y los chavales se reian de ti.

Te faltó pegada.

Sabías que la vida golpea duro.

¿Cuantas veces te encontraron borracho en el suelo en mitad de la calle

y te llevaron a casa? A esa casa solitaria donde solo te esperaban algunos cientos de libros,

un colchón podrido, un mundo tetrapléjico y miles de botellas vacías.

Ahora que el combate ha terminado,

se ha certificado lo que de niño sospechaba que ocurriría.

Viejo truhán, te terminé cogiendo cariño.

Una poesia


Anoche escribí una poesia.

Estaba borracho apalancado en la barra de un bar.

Recuerdo que metí mi mano en el bolsillo de la chaqueta y encontré un bolígrafo.

No sabía como había llegado aquél bolígrafo al bolsillo de mi chaqueta pero tampoco sabía

como había llegado yo a aquél local con olor a meado y repleto de individuos sin ninguna clase.

Cogí una servilleta de papel y escribí algo.

Se lo regalé a la camarera que reinaba trás la barra y me lo agradeció soplándome un beso.

Ella se lo enseñó a una rubia que tenía pinta de ser la meretriz del callejón trasero, y esta a otros clientes del bar .

De pronto las ocho o diez personas del local hablaban de mi poesía.

Todos intentaban explicarla desde un punto de vista distinto según su libre interpretación.

La camarera me llenó el vaso y yo le pregunté que si por cada poesía que escribiese

me pondría una copa, ella contestó que dudaba que escribiese una mejor.

Reí.

La gente hablaba, y yo no paraba de apretarme Whiskys.

Un hombre bajito que tenía cogido el culo a una vieja que se dejaba querer por todos

me preguntó si se refería al desamparo que sentimos hoy dia en la sociedad.

Otro tipo alto con pinta de cocainómano al que llamaban "caracortada"

me afirmaba gesticulando y moviendo exageradamente los brazos para ganarse mi atención

que era la demostración de la creatividad del cerebro humano en estados alterados de conciencia.

-¡Lee a Albert Hofmann!, léelo de veras.

-Lo haré amigo, lo haré.

Yo a todos les daba la razón.

Me limitaba a beber y asentar con la cabeza.

Al terminar la copa noté que necesitaba aire, necesitaba caminar tambaleándome,

apoyándome en cada farola, en cada semáforo y en cada buzón de correos hasta llegar a casa.

Esos caminos tortuosos a veces me gustan.

Pedí un cigarrillo para el camino y abandoné aquella servilleta en las manos de cualquier borracho.

Esta mañana me he acordado de ella.

No recuerdo como decía, pero seguro que ninguno de los que anoche la leyeron y

estuvieron discutiendo sobre ella se vuelvan a acordar jamás.

viernes, 27 de junio de 2008

Al menos aliento

Dame un beso.
Dame un te quiero.
Dame un cariño.
Dame al menos un dia más para conseguirlo.
Solo quiero que me des algo,
algo a cambio de todo lo que yo te doy.
Me quedé en los huesos
(tres gusanos esperan en mi cama)
y tu sigues sin hacer nada,
sin reaccionar.
Dame.
Dame al menos aliento
para poder seguirte dando.

NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma

miércoles, 25 de junio de 2008

Aunque tú no lo sepas



Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.


Luis García Montero

martes, 24 de junio de 2008

Tendrá frio

Mientras mi chica se ducha en el baño
yo fumo un cigarrillo sentado en el sofá.
La casa está en silencio.
Doy una calada y expulso el humo dibujando un enorme aro en la habitación.
La oigo que comienza a tararear Mr. Tambourine.
Me gusta tenerla que esperar.
Hemos quedado a las once para cenar con unos amigos y
el reloj ya marca las once y cuarto.
Ya no se oye caer el agua de la ducha.
Ahora tendrá su blanco y desnudo cuerpo mojado
envuelto en una suave toalla azul mientras se estudia los puntos blancos de su cara en el espejo.
Tendrá frio, estamos en Enero.
Quizás entre a darle calor.

Tus piernas

Yo no valgo ningún poema.
La mayoría de la gente no vale ningún poema.
La policía no vale ningún poema.
La justicia no vale ningún poema.
Madrugar no vale ningún poema.
Trabajar no vale ningún poema.
Lavarse los dientes no vale ningún poema.
Estudiar 8 h. diarias no vale ningún poema.
Los insectos no valen ningún poema.
Un viejo Renault 6 si vale un poema.
Los perros si valen un poema.
El gancho de Alí a Foreman si vale un poema.
Un whisky solo con hielo escuchando a Charlie Parker si vale un poema.
Leer a Panero si vale un poema.
Follar en la tasa del water mientras los pájaros revolotean por el jardín si vale un poema.
Tus piernas si valen un poema,
y era a ellas a quienes quería escribírselo.

lunes, 23 de junio de 2008

Como el humo que se lleva el viento

Fumo un cigarrillo en la terraza
bajo un cielo azul y miles de nubes blancas
que conforman un paisaje de figuras imaginables.
El humo se eleva danzando desde mis dedos hasta
desaparecer en el infinito.
A veces me gustaria ser eso, humo.
Humo para que el poniente me llevase hasta las raices de tu pelo,
para desaparecer y llegar a unirme con esas nubes de algodón
que allá en las alturas reinan los cielos.
Yo no soy hombre de cielos.Es cierto.
Siempre estuve mas cerca del infierno,
quizás porque me dan miedo las alturas, o quizás
por este alma de aventurero.
De todo se aprende y de todo terminamos huyendo.
Si.
Huir no es de cobardes, sufrir sin necesidad es de gilipollas.
Pero ha llovido mucho desde eso.
A veces me reconcilio con el mundo y respondo
con amor, como tenía que estar previsto aunque en mi
cama las horas del amor aún hacen sombras.
El humo se eleva danzando desde mis dedos hasta
desaparecer en el infinito.
A veces me gustaría ser eso, humo.