Mi madre llegó gritando y me arrebató la escopeta de las manos a la vez que me zarandeaba del brazo. Me dijo que me había dicho más de cien veces que no cogiera la escopeta de mi padre. Que yo era muy pequeño para jugar con aquellas cosas. Que aquellas cosas las cargaba el diablo.
Y en ese momento llegó mi padre. Y mi madre se lo contó todo.
Que el niño había vuelto a coger la escopeta.
Que ella ya no sabía de que forma me iba a explicar las cosas para que yo le hiciera caso.
Que estaba cansada. Harta de mi. Que yo solo sabía darle disgustos.
Y mi padre sentenció afirmando:
- Creo que este niño es tonto.
Aquello me sorprendió. En aquel momento, a tan temprana edad, tendría unos ocho o nueve años, tal afirmación con tanta rotundidad, me hizo dudar de que realmente podía ser cierto. Y claro, podía ser ese retraso mental lo que me impedía darme cuenta de mi propia falta de intelecto.
Y mi padre no contento con haber creado en mi mente el germen de un trastorno de personalidad, me dio dos buenas collejas y me dijo que escondería la escopeta de aire comprimido en un sitio donde yo jamás la encontraría.
¿Donde yo jamás la encontraría?.
Aquellas palabras me sonaron a reto.
Me había llamado tonto y pensaba guardar la escopeta según él, en un lugar imposible de averiguar por mí.
Así que al día siguiente busqué por todos los rincones de la casa.
Por el trastero.
El patio.
Entre los aperos de labranza.
Las macetas.
Los balcones.
En todos los armarios.
En todas las habitaciones.
Hasta que de pronto la encontré debajo de su cama.
Estaba allí, acompañada de una palangana y un par de babuchas sucias en un submundo de polvo y pelusas.
La cogí con mimo y limpié su negro cañón con el borde de la colcha que cubría la cama. Le coloqué bien la mirilla y apunté hacia la cara de un tipo llamado Jesús que presidía la habitación con un cuadro colgado en la pared.
Me reí y me felicité por el hallazgo. No era tonto como pensaba mi padre. Y aquello me tranquilizó.
Pero aún tenía que hacérselo ver. Aún tenía que demostrarle que aquel renacuajo al que había llamado tonto y que por circunstancias de la vida era su hijo, había sido capaz de encontrar la escopeta de aire comprimido.
¿Era ese el lugar donde un tipo inteligente escondería algo?, ¿debajo de la cama?.
Quedaba claro que yo con nueve años era más inteligente que aquel gordinflón con bigote y amante del vino.
Cogí la escopeta y la guardé por dentro de mis pantalones tapando el cañón con la camisa y cruzé toda la casa hasta llegar al patio. Una vez allí la coloqué apoyada en un enorme macetón y me fui.
No quise ni disparar un solo balín. No me llamaba la atención volver a cazar salamanquesas.
Un tipo listo como mi padre podía tener contados los balines. Y yo solo quería que él se diera cuenta de que yo había descubierto la escopeta y que se la dajaba allí como prueba.
Fue esa misma tarde, tiempo después, cuando mi padre me llamó a voces. Yo sabía el porqué.
Corrí en su busca y al verme me dijo:
- Cada día me sorprendes más. No te basta con volver a coger la escopetita de los cojones, sino que ya no te preocupas ni siquiera de volverla a esconder después de usarla.
Tu cada día estas más tonto.
No tuve oportunidad de explicarme. Me dio tres collejas y esa misma tarde regaló la escopeta a alguno de nuestros vecinos.
Supongo que era esto a lo que se refería Marx cuando afirmaba que la realidad es dialéctica, hagas lo que hagas, ambos lados de nuestro raciocinio, todo está podrido.
jueves, 26 de marzo de 2009
miércoles, 25 de marzo de 2009
Once
Ningún padre de la iglesia
ha sabido explicar
por qué no existe
un mandamiento once
que ordene a la mujer
no codiciar al hombre
de su prójima.
Mario Benedetti.
ha sabido explicar
por qué no existe
un mandamiento once
que ordene a la mujer
no codiciar al hombre
de su prójima.
Mario Benedetti.
domingo, 22 de marzo de 2009
Inacabado
La naturaleza del ser humano está en un estado de permanente desarrollo y
evolución, que va definiendo cada vez con mayor nitidez
los límites de su absoluta y fundamental
estupidez.
evolución, que va definiendo cada vez con mayor nitidez
los límites de su absoluta y fundamental
estupidez.
viernes, 20 de marzo de 2009
El arte de lavarse las manos
A veces el gobierno nos toca las pelotas
con algo de estilo.
Y a veces, el pueblo se sube los pantalones hasta la cintura
y sale a la calle a reivindicar lo que significa la palabra democracia.
Subidas de impuestos.
Educación boloñesa.
Congelación de salarios.
Despidos improcedentes.
Estafas.
Subvenciones malgastadas...
No os compliqueis más la vida
pidiendo respuestas a esos Gargantúas vestidos con trajes de Armani,
no vivimos en la "Abadía de Thelema".
Siempre encontrareis la misma respuesta,
"todo viene de arriba".
Puedes pedir explicaciones a cualquier concejal,
alcalde,
diputado,
ministro o
gobernador,
que siempre contestarán lo mismo,
" las leyes vienen de arriba".
Te harán creer que son simples marionetas
que bailan al compás dictado por sus superiores.
Así que cuando querais quejaros de algo,
no os manifesteis por las calles,
no saqueis banderas republicanas,
ni anarquistas,
ni de España,
ni de Andalucia.
Si quereis respuestas,
id a la iglesia y pedid cita con Dios,
porque por lo que me han dicho,
todo viene de arriba.
con algo de estilo.
Y a veces, el pueblo se sube los pantalones hasta la cintura
y sale a la calle a reivindicar lo que significa la palabra democracia.
Subidas de impuestos.
Educación boloñesa.
Congelación de salarios.
Despidos improcedentes.
Estafas.
Subvenciones malgastadas...
No os compliqueis más la vida
pidiendo respuestas a esos Gargantúas vestidos con trajes de Armani,
no vivimos en la "Abadía de Thelema".
Siempre encontrareis la misma respuesta,
"todo viene de arriba".
Puedes pedir explicaciones a cualquier concejal,
alcalde,
diputado,
ministro o
gobernador,
que siempre contestarán lo mismo,
" las leyes vienen de arriba".
Te harán creer que son simples marionetas
que bailan al compás dictado por sus superiores.
Así que cuando querais quejaros de algo,
no os manifesteis por las calles,
no saqueis banderas republicanas,
ni anarquistas,
ni de España,
ni de Andalucia.
Si quereis respuestas,
id a la iglesia y pedid cita con Dios,
porque por lo que me han dicho,
todo viene de arriba.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Felicidad
Comencé a escribir el día que leí a Hermann Hesse
afirmar que hacer versos malos depara más felicidad
que leer los versos más bellos.
Desde entonces no he dejado de hacerlo.
Y aún la sigo buscando.
afirmar que hacer versos malos depara más felicidad
que leer los versos más bellos.
Desde entonces no he dejado de hacerlo.
Y aún la sigo buscando.
Tus credenciales
Eres tu.
Eres polvo,
mar,
viento,
sol,
calor y frio.
Eres primavera un domingo
de hastio.
Eres risa,
miedo,
vergüenza,
llanto y
gemido.
Flor arrancada del cielo,
autopista solitaria,
besos de alcohol a las tres
de la madrugada,
versos mojados de amor,
rincones de diarios vacios.
Eres tu.
Eres polvo,
mar,
viento,
sol,
calor y frio.
Princesa de ojos verdes,
niña perdida
entre el gentio.
Eres polvo,
mar,
viento,
sol,
calor y frio.
Eres primavera un domingo
de hastio.
Eres risa,
miedo,
vergüenza,
llanto y
gemido.
Flor arrancada del cielo,
autopista solitaria,
besos de alcohol a las tres
de la madrugada,
versos mojados de amor,
rincones de diarios vacios.
Eres tu.
Eres polvo,
mar,
viento,
sol,
calor y frio.
Princesa de ojos verdes,
niña perdida
entre el gentio.
Al otro lado del puente
Cuando te suban los nervios y grites
que te quieres morir,
tapa tus ojos con las manos
y piensa.
Piensa en el enano que juega al fútbol en el jardin.
Piensa que los problemas podemos convertirlos en polvo en el aire.
Piensa que tenemos algo pendiente.
Cuando te suban los nervios y grites
que te quieres morir no te perturbes tanto,
muerete y ya.
A ver si tienes huevos.
que te quieres morir,
tapa tus ojos con las manos
y piensa.
Piensa en el enano que juega al fútbol en el jardin.
Piensa que los problemas podemos convertirlos en polvo en el aire.
Piensa que tenemos algo pendiente.
Cuando te suban los nervios y grites
que te quieres morir no te perturbes tanto,
muerete y ya.
A ver si tienes huevos.
lunes, 9 de marzo de 2009
Recluta bufón
Yo no llevaba lo de "Born to kill",
ni pines con el signo de la paz,
ni aquel cabrón con el pecho lleno de medallas era el sargento Haltman.
Yo era simplemente un niño de pueblo fuera de mi casa.
- Soldado Carrasco, diríjase a cocina para pelar patatas.
- ¿Que pasa, tengo cara de peluquero?
Con aquella bromita me gané una de las ostias más duras de mi vida,
una semana de arresto y
comprender que en el ejército no se estila la ironía.
ni pines con el signo de la paz,
ni aquel cabrón con el pecho lleno de medallas era el sargento Haltman.
Yo era simplemente un niño de pueblo fuera de mi casa.
- Soldado Carrasco, diríjase a cocina para pelar patatas.
- ¿Que pasa, tengo cara de peluquero?
Con aquella bromita me gané una de las ostias más duras de mi vida,
una semana de arresto y
comprender que en el ejército no se estila la ironía.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Yo no lo sé de cierto, pero supongo....
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
un día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio.
Como se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo)
Jaime Sabines
que una mujer y un hombre
un día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio.
Como se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo)
Jaime Sabines
jueves, 26 de febrero de 2009
Estilo
Me siento un tipo importante con este
traje negro y este sombrero
tipo fedora.
Rodeado por burros que me miran
con extrañeza
mientras terminan su carajillo
al lado mia.
Al fin y al cabo, la elegancia se encuentra
en el estilo.
-¿Quién se creerá que es?
-Debe haber perdido la cabeza
-Se parece a Orson Welles en "el tercer hombre"
Creo que para tomar café
será mejor buscar otro sitio.
traje negro y este sombrero
tipo fedora.
Rodeado por burros que me miran
con extrañeza
mientras terminan su carajillo
al lado mia.
Al fin y al cabo, la elegancia se encuentra
en el estilo.
-¿Quién se creerá que es?
-Debe haber perdido la cabeza
-Se parece a Orson Welles en "el tercer hombre"
Creo que para tomar café
será mejor buscar otro sitio.
jueves, 19 de febrero de 2009
Los paraguas, los taxis
Acabo de tirarlo,
35 minutos bajo la tormenta
-esperando un maldito
taxi- han podido con él.
Pero cómo se ha portado.
Ésa es la diferencia:
los taxis son como ciertos amigos,
nunca están cuando más los necesitas.
Los paraguas, en cambio, mueren por ti.
Karmelo C. Iribarren
martes, 3 de febrero de 2009
No volveré a confiar más en la luna
La madrugada cayó
con su disfraz de suicida rehabilitado,
paseando conmigo por esta ciudad oculta en la bruma.
Ambulancias urgentes,
gatos que lloran en calles oscuras,
arropados por el frio de otoño,
mientras saboreo recuerdos
que el tiempo ha guardado en los bolsillos de mis pantalones.
Me vuelven a doler los labios,
rendidos,
ya que saben que todo es más posible a que vuelvan
a sentir amor.
Son como las huellas borradas de los viejos compañeros de viaje,
cuando miras hacia atrás,
siempre han desaparecido.
Definitivamente hoy doy de baja mi sonrisa.
Supongo que volveré a emborracharme
de nuevo con mi licor de penas
y
amaneceré mañana sin recordar
nada de lo que he escrito.
con su disfraz de suicida rehabilitado,
paseando conmigo por esta ciudad oculta en la bruma.
Ambulancias urgentes,
gatos que lloran en calles oscuras,
arropados por el frio de otoño,
mientras saboreo recuerdos
que el tiempo ha guardado en los bolsillos de mis pantalones.
Me vuelven a doler los labios,
rendidos,
ya que saben que todo es más posible a que vuelvan
a sentir amor.
Son como las huellas borradas de los viejos compañeros de viaje,
cuando miras hacia atrás,
siempre han desaparecido.
Definitivamente hoy doy de baja mi sonrisa.
Supongo que volveré a emborracharme
de nuevo con mi licor de penas
y
amaneceré mañana sin recordar
nada de lo que he escrito.
lunes, 2 de febrero de 2009
Patas de gallo en el corazón
Hace unos días hablé con él.
Me contó que había muerto
su compañero,
un "chucho" al que llamaba Leonardo,
según él, cruce entre
yorkshire y ángel.
Leonardo había estado junto a él
los catorce años
que
llevaba durmiendo entre cartones.
Lloraba como un niño recordando
a aquel animal.
Decía que ahora si sentía que
vivía solo en la calle.
Esta mañana ha amanecido muerto.
Los vecinos creen que lo mató el frio.
Me contó que había muerto
su compañero,
un "chucho" al que llamaba Leonardo,
según él, cruce entre
yorkshire y ángel.
Leonardo había estado junto a él
los catorce años
que
llevaba durmiendo entre cartones.
Lloraba como un niño recordando
a aquel animal.
Decía que ahora si sentía que
vivía solo en la calle.
Esta mañana ha amanecido muerto.
Los vecinos creen que lo mató el frio.
miércoles, 28 de enero de 2009
Antes de cualquier posible final
El hombre de la barra del bar
solo bebe.
No habla.
No piensa.
Creo que apenas respira.
Su único interés está
en la copa que sostiene en
la mano derecha.
A veces levanta la cabeza,
mira alrededor con ojos vidriosos
y
pone cara de extrañeza ante
los rostros de los demás clientes.
Atolondrado,
levanta la palma de la mano e
intenta matar una mosca que pasea por el mostrador.
Vuelve a agachar la cabeza
y
emite un enorme suspiro
que suena a llanto.
Supongo que los suspiros,
son los quejidos
del alma.
solo bebe.
No habla.
No piensa.
Creo que apenas respira.
Su único interés está
en la copa que sostiene en
la mano derecha.
A veces levanta la cabeza,
mira alrededor con ojos vidriosos
y
pone cara de extrañeza ante
los rostros de los demás clientes.
Atolondrado,
levanta la palma de la mano e
intenta matar una mosca que pasea por el mostrador.
Vuelve a agachar la cabeza
y
emite un enorme suspiro
que suena a llanto.
Supongo que los suspiros,
son los quejidos
del alma.
martes, 27 de enero de 2009
A veces
Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.
Ángel González
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.
Ángel González
jueves, 22 de enero de 2009
Un día, cualquier día, te das cuenta de todo
"Mañana he de madrugar
y veré las mismas caras cansadas,
las mismas caras de todos los días,
los mismos movimientos mecánicos.
Ojalá pueda dormir esta noche sin sobresaltos."
Antonio Molina
No conozco su nombre.
La única relación que me une a él es que compartimos
todas las mañanas el mismo
autobús desde hace cinco o seis años.
Ha sido este contacto diario el que ha hecho
que todas las mañanas,
como consuelo al prójimo
por la condena que sufrimos al madrugar,
nos saludemos con unos buenos días.
Pero nunca hemos entablado conversación.
Cinco o seis años en los que no hemos
hablado ni siquiera de la climatología mañanera.
Personalmente,
no me apetece hablar cuando a penas ha salido el Sol,
y al parecer a él tampoco.
Eso me gusta.
Pero hacía un mes que no le veía el pelo.
Me preguntaba que le habría ocurrido.
Reconozco que incluso estos últimos días
he llegado a estar preocupado.
Me preguntaba si seguiría vivo.
Hoy ha vuelto a aparecer por el autobús.
Sobrio,
serio,
sereno,
tan natural como todos los días,
solo que al pasar por mi lado ni siquiera me ha saludado.
¡Cabrón he estado preocupado por tí!
y veré las mismas caras cansadas,
las mismas caras de todos los días,
los mismos movimientos mecánicos.
Ojalá pueda dormir esta noche sin sobresaltos."
Antonio Molina
No conozco su nombre.
La única relación que me une a él es que compartimos
todas las mañanas el mismo
autobús desde hace cinco o seis años.
Ha sido este contacto diario el que ha hecho
que todas las mañanas,
como consuelo al prójimo
por la condena que sufrimos al madrugar,
nos saludemos con unos buenos días.
Pero nunca hemos entablado conversación.
Cinco o seis años en los que no hemos
hablado ni siquiera de la climatología mañanera.
Personalmente,
no me apetece hablar cuando a penas ha salido el Sol,
y al parecer a él tampoco.
Eso me gusta.
Pero hacía un mes que no le veía el pelo.
Me preguntaba que le habría ocurrido.
Reconozco que incluso estos últimos días
he llegado a estar preocupado.
Me preguntaba si seguiría vivo.
Hoy ha vuelto a aparecer por el autobús.
Sobrio,
serio,
sereno,
tan natural como todos los días,
solo que al pasar por mi lado ni siquiera me ha saludado.
¡Cabrón he estado preocupado por tí!
domingo, 18 de enero de 2009
Valió la pena
Bailar contigo
mientras el león de Belfast
cantaba "And it Stoned me".
Lo echo de menos.
Tanto como calentarte el alma
bajo las sabanas de la cama
en una fria mañana de invierno.
Supongo que lo tuvimos tan cerca
que nunca lo vimos.
mientras el león de Belfast
cantaba "And it Stoned me".
Lo echo de menos.
Tanto como calentarte el alma
bajo las sabanas de la cama
en una fria mañana de invierno.
Supongo que lo tuvimos tan cerca
que nunca lo vimos.
domingo, 11 de enero de 2009
Es casualidad
Es tambien casualidad
que me venga ahora a la cabeza
un consejo que me dió mi padre hace años.
"¡Los hombres nunca lloran!".
Yo tendría unos seis o siete años
y
aquello quedó grabado
en mi mente.
Desde entonces podía pegarma la ostia
más grande de la historia
con la bicicleta,
jugando al fútbol o
escalando un tajo,
que nunca lloraba.
Mis ojos se secaron.
No podía mostrar la debilidad
de las lágrimas ante nadie.
Pero había un chico que
conseguía enrojecer mis ojos.
Mi hermano.
Él era tres años mayor que yo
y
juntos disfrutabamos de una de las habitaciones
de nuestra casa para
jugar.
Todas las tardes nos metíamos en
aquella habitación para dar rienda suelta
a nuestra imaginación
y
emprender batallas entre nuestros
ejércitos de muñecos de barro.
Y todas las tardes mi hermano
terminaba expulsándome de la habitación
porque quería jugar solo.
Me echaba a empujones y cerraba la puerta con llave.
Y yo me moría de rabía con la oreja pegada a la puerta
mientras le oía imitar
el sonido de helicópteros,
bombas,
disparos y demás.
Lo hacía solo por joderme.
Lo hacía solo por hacerme de llorar.
Y lo conseguía.
Casi todas las tardes se me escapaban lágrimas.
Lágrimas que no eran de dolor,
sino de rabia
e impotencia.
Y por eso las dejaba escapar.
Porque había aprendido a resistir las lagrimas ante el sufrimiento físico,
pero me era imposible retenerlas ante la imposibilidad
y la injusticia.
Entonces acudía a mi madre para que
ella aplicara la ley.
Aquella habitación era tan mía como de mi hermano.
Yo tenía el mismo derecho que él a jugar allí .
Pero mi madre hacía oidos sordos.
Él era el mayor, y eso bastaba.
Como decía, es casualidad que me haya
venido a la cabeza este recuerdo,
ahora que paseo un pañuelo entre mis ojos
al ver en el noticiario las imágenes
de palestinos muertos en Gaza.
Y es tan duro e injusto como
para hacer llorar a
un hombre.
Pero dicen que los hombres
no lloran.
¿Lloras tu?.
que me venga ahora a la cabeza
un consejo que me dió mi padre hace años.
"¡Los hombres nunca lloran!".
Yo tendría unos seis o siete años
y
aquello quedó grabado
en mi mente.
Desde entonces podía pegarma la ostia
más grande de la historia
con la bicicleta,
jugando al fútbol o
escalando un tajo,
que nunca lloraba.
Mis ojos se secaron.
No podía mostrar la debilidad
de las lágrimas ante nadie.
Pero había un chico que
conseguía enrojecer mis ojos.
Mi hermano.
Él era tres años mayor que yo
y
juntos disfrutabamos de una de las habitaciones
de nuestra casa para
jugar.
Todas las tardes nos metíamos en
aquella habitación para dar rienda suelta
a nuestra imaginación
y
emprender batallas entre nuestros
ejércitos de muñecos de barro.
Y todas las tardes mi hermano
terminaba expulsándome de la habitación
porque quería jugar solo.
Me echaba a empujones y cerraba la puerta con llave.
Y yo me moría de rabía con la oreja pegada a la puerta
mientras le oía imitar
el sonido de helicópteros,
bombas,
disparos y demás.
Lo hacía solo por joderme.
Lo hacía solo por hacerme de llorar.
Y lo conseguía.
Casi todas las tardes se me escapaban lágrimas.
Lágrimas que no eran de dolor,
sino de rabia
e impotencia.
Y por eso las dejaba escapar.
Porque había aprendido a resistir las lagrimas ante el sufrimiento físico,
pero me era imposible retenerlas ante la imposibilidad
y la injusticia.
Entonces acudía a mi madre para que
ella aplicara la ley.
Aquella habitación era tan mía como de mi hermano.
Yo tenía el mismo derecho que él a jugar allí .
Pero mi madre hacía oidos sordos.
Él era el mayor, y eso bastaba.
Como decía, es casualidad que me haya
venido a la cabeza este recuerdo,
ahora que paseo un pañuelo entre mis ojos
al ver en el noticiario las imágenes
de palestinos muertos en Gaza.
Y es tan duro e injusto como
para hacer llorar a
un hombre.
Pero dicen que los hombres
no lloran.
¿Lloras tu?.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Con permiso
Un buen escritor
debe saber siempre
lo que quiere decir.
Un buen escritor
nunca puede decir
cosas sin sentido.
Eso no lo hace un buen escritor.
Es por eso
que yo
si me lo permito.
debe saber siempre
lo que quiere decir.
Un buen escritor
nunca puede decir
cosas sin sentido.
Eso no lo hace un buen escritor.
Es por eso
que yo
si me lo permito.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Ciudad
Miles de pequeñas
ventanas brillantes
se dibujan
a lo largo del infinito
como luciérnagas
en una noche de verano,
escondiendo las vidas
de miles de personas dentro,
todas tan iguales
y
a la vez tan distintas.
Así es la ciudad.
Tan feliz como
un niño en el parque,
tan triste como
un cementerio
de poemas.
ventanas brillantes
se dibujan
a lo largo del infinito
como luciérnagas
en una noche de verano,
escondiendo las vidas
de miles de personas dentro,
todas tan iguales
y
a la vez tan distintas.
Así es la ciudad.
Tan feliz como
un niño en el parque,
tan triste como
un cementerio
de poemas.
lunes, 1 de diciembre de 2008
A pesar de todo
Recuerdo que aquella noche
comenzamos a discutir.
Tu habías bebido bastante.
Yo había bebido bastante más.
Tu me llamaste capullo integral
y
yo te llamé víbora asesina.
Entonces cogiste un libro
de la estantería
que resultó ser la Bíblia
y
me lo lanzaste
a la cabeza.
Recogí el libro del suelo,
lo abrí
y
leí: " El amor es sufrido y bondadoso.
El amor no es celoso, no se vanagloria,
no se hincha,
no se porta indecentemente,
no busca sus propios intereses,
no se siente provocado.
No lleva cuenta del daño.
No se regocija por la injusticia,
sino que se regocija con la verdad.
Todas las cosas las soporta,
todas las cree, todas las espera, todas las aguanta."
Nos quedamos mirándonos
a los ojos
y
echamos a reir.
comenzamos a discutir.
Tu habías bebido bastante.
Yo había bebido bastante más.
Tu me llamaste capullo integral
y
yo te llamé víbora asesina.
Entonces cogiste un libro
de la estantería
que resultó ser la Bíblia
y
me lo lanzaste
a la cabeza.
Recogí el libro del suelo,
lo abrí
y
leí: " El amor es sufrido y bondadoso.
El amor no es celoso, no se vanagloria,
no se hincha,
no se porta indecentemente,
no busca sus propios intereses,
no se siente provocado.
No lleva cuenta del daño.
No se regocija por la injusticia,
sino que se regocija con la verdad.
Todas las cosas las soporta,
todas las cree, todas las espera, todas las aguanta."
Nos quedamos mirándonos
a los ojos
y
echamos a reir.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Hoy los mirlos vuelan alborotados
Porque la inspiración se va
pero vuelve,
igual que una puta barata
callejeando en una noche fría.
Porque hoy los mirlos vuelan alborotados
al leer "un telón de hojas"
y
una despedida.
Porque el corazón a veces
necesita hablar.
Porque el idioma del corazón
es la poesía.
Sé que volverás.
Sé que volverás algún dia.
A partir de ahora al ir a dormir,
echaré de menos saber de tí,
Aureliano Buendía.
pero vuelve,
igual que una puta barata
callejeando en una noche fría.
Porque hoy los mirlos vuelan alborotados
al leer "un telón de hojas"
y
una despedida.
Porque el corazón a veces
necesita hablar.
Porque el idioma del corazón
es la poesía.
Sé que volverás.
Sé que volverás algún dia.
A partir de ahora al ir a dormir,
echaré de menos saber de tí,
Aureliano Buendía.
martes, 25 de noviembre de 2008
Falsas teorías
-¿Cual es tu libro favorito? - preguntó Rocío.
-Pues...ahora que lo pienso...no podría decirte.
-¿Y tu escritor favorito?
-No se...tampoco podría decirte...son muchos.Y pensándolo bien,
me acabo de dar cuenta de que no
tengo nada favorito.
Creo que lo favorito no existe. No hay nada
en la vida que una persona pueda considerar como
lo mejor, por que siempre habrá algo que le satisfaga igual.
Lo único que podemos hacer es darle el mayor valor
a las cosas que tenemos...¿me entiendes nena? como
dijo Marcel Proust; "el verdadero viaje de descubrimiento no
consiste en buscar nuevas tierras, sino en ver con nuevos ojos".
- Pues mi libro favorito es "El jardín de los cerezos"
y
mi escritor favorito Octavio Paz -espetó Rocío con una
seguridad despectiva, mientras mordía un padrastro de una
de sus uñas- solo hay que tener las ideas un poco claras, cariño.
Pero tu nunca has tenido nada claro.
Así que anda, deja de filosofear y sal a tirar la basura que
es tarde. Yo me voy a la cama.
Cogí la bolsa de basura.
Salí a la calle y noté un frio de mil cojones.
Corrí hasta el contenedor, arrojé la bolsa y corrí de nuevo a casa.
Al entrar en la habitación Rocío se hacía la dormida.
Me desnudé, me metí en la cama y me abrazé a ella con cariño.
La besé en la frente, apagué la luz y dije:
-Es cierto nena, mi teoria es falsa. Este es mi momento favorito del día.
-Pues...ahora que lo pienso...no podría decirte.
-¿Y tu escritor favorito?
-No se...tampoco podría decirte...son muchos.Y pensándolo bien,
me acabo de dar cuenta de que no
tengo nada favorito.
Creo que lo favorito no existe. No hay nada
en la vida que una persona pueda considerar como
lo mejor, por que siempre habrá algo que le satisfaga igual.
Lo único que podemos hacer es darle el mayor valor
a las cosas que tenemos...¿me entiendes nena? como
dijo Marcel Proust; "el verdadero viaje de descubrimiento no
consiste en buscar nuevas tierras, sino en ver con nuevos ojos".
- Pues mi libro favorito es "El jardín de los cerezos"
y
mi escritor favorito Octavio Paz -espetó Rocío con una
seguridad despectiva, mientras mordía un padrastro de una
de sus uñas- solo hay que tener las ideas un poco claras, cariño.
Pero tu nunca has tenido nada claro.
Así que anda, deja de filosofear y sal a tirar la basura que
es tarde. Yo me voy a la cama.
Cogí la bolsa de basura.
Salí a la calle y noté un frio de mil cojones.
Corrí hasta el contenedor, arrojé la bolsa y corrí de nuevo a casa.
Al entrar en la habitación Rocío se hacía la dormida.
Me desnudé, me metí en la cama y me abrazé a ella con cariño.
La besé en la frente, apagué la luz y dije:
-Es cierto nena, mi teoria es falsa. Este es mi momento favorito del día.
domingo, 23 de noviembre de 2008
Mi bohemia
(Fantasía)
Me iba, con los puños en mis bolsillos rotos...
mi chaleco también se volvía ideal,
andando, al cielo raso,
¡Musa, te era tan fiel!
¡cuántos grandes amores, ay ay ay, me he soñado!
Mi único pantalón era un enorme siete.
Pulgarcito que sueña, desgranaba a mi paso
rimas.
Y mi posada era la Osa Mayor.
Mis estrellas temblaban con un dulce frufrú.
Y yo las escuchaba, al borde del camino
cuando caen las tardes de septiembre, sintiendo
el rocío en mi frente, como un vino de vida.
Y rimando, perdido, por las sombras fantásticas,
tensaba los cordones, como si fueran liras,
de mis zapatos rotos, junto a mi corazón.
Arthur Rimbaud
Me iba, con los puños en mis bolsillos rotos...
mi chaleco también se volvía ideal,
andando, al cielo raso,
¡Musa, te era tan fiel!
¡cuántos grandes amores, ay ay ay, me he soñado!
Mi único pantalón era un enorme siete.
Pulgarcito que sueña, desgranaba a mi paso
rimas.
Y mi posada era la Osa Mayor.
Mis estrellas temblaban con un dulce frufrú.
Y yo las escuchaba, al borde del camino
cuando caen las tardes de septiembre, sintiendo
el rocío en mi frente, como un vino de vida.
Y rimando, perdido, por las sombras fantásticas,
tensaba los cordones, como si fueran liras,
de mis zapatos rotos, junto a mi corazón.
Arthur Rimbaud
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Vivir solo
Cuando desperté eran
las diez de la mañana.
Fuí al cuarto de baño.
Me lavé la cara,
los dientes,
y
me vestí con la misma
ropa del día anterior.
Peiné una calva que
no hace muchos años
albergó miles de pelos
y
guiñé el ojo con complicidad
al tipo que me miraba en el espejo.
Salí a la calle.
Compré el periódico
en el quiosco de la esquina
y
entré en un bar.
Desayuné tostadas
y
café.
Salí del bar
y
entré en otro bar.
Y
de este no salí
hasta las once
y
media de la noche.
Volví a casa.
Me duché.
Cené restos de
la cena del día anterior
y
bebí Whisky
y
fumé cigarrillos
víendo una película
de Steve McQueen.
Entré en el cuarto de baño.
Esquivé al tipo del espejo.
Me lavé los dientes
y
cagué el corazón
en el water.
Entré en mi habitación.
Puse música clásica
en el transistor,
me desnudé
y
me metí en la cama.
Apagué la luz
y
cerré los ojos.
las diez de la mañana.
Fuí al cuarto de baño.
Me lavé la cara,
los dientes,
y
me vestí con la misma
ropa del día anterior.
Peiné una calva que
no hace muchos años
albergó miles de pelos
y
guiñé el ojo con complicidad
al tipo que me miraba en el espejo.
Salí a la calle.
Compré el periódico
en el quiosco de la esquina
y
entré en un bar.
Desayuné tostadas
y
café.
Salí del bar
y
entré en otro bar.
Y
de este no salí
hasta las once
y
media de la noche.
Volví a casa.
Me duché.
Cené restos de
la cena del día anterior
y
bebí Whisky
y
fumé cigarrillos
víendo una película
de Steve McQueen.
Entré en el cuarto de baño.
Esquivé al tipo del espejo.
Me lavé los dientes
y
cagué el corazón
en el water.
Entré en mi habitación.
Puse música clásica
en el transistor,
me desnudé
y
me metí en la cama.
Apagué la luz
y
cerré los ojos.
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